Estabilidad lumbo pélvica

Lineamientos generales para la prescripción del ejercicio físico adaptado

Resulta difícil hablar de protocolos estandarizados cuando la versatilidad de casos, causas y reacciones impide aplicar dos pasos consecutivos similares en dos sujetos con la misma sintomatología. Desde ya que no es ésa la intención ni tampoco ciframos expectativas de semejante índole. No obstante, reconocemos la existencia de herramientas comunes, cuya manipulación y oportuno empleo contribuye a acelerar los procesos de aprendizaje motor a los efectos de mejorar la estabilidad lumbo – pélvica. En definitiva, y aún con todo el respaldo científico, no deja de tratarse de un arte. Los pinceles, los colores y los lienzos podrán ser los mismos, pero la obra final sella los rasgos específicos del pintor. En las ciencias del movimiento ocurre algo semejante siendo, en definitiva, la capacidad de interpretar al sujeto y su contexto la que más ayuda mejorar el proceso de toma de decisiones inherentes a la prescripción del ejercicio físico adaptado.

No podemos pasar a la descripción de las herramientas metodológicas sin antes explicitar la situación neuromecánica del hombre contemporáneo. En los siguientes puntos enunciamos algunos de sus rasgos sobresalientes:

  • Es hipocinético pero indiferenciadamente distónico, ya sea hipo o hipertónico.
  • Se mueve poco y nada (resulta claro que es ésta la consecuencia de la tecnologización de la vida en general).
  • Carente de movilidad distal, pero con graves problemas de estabilidad central.
  • Descompaginado en la secuencia psicomotora ideal, es decir, aquella que supone la anticipación a la propulsión por parte de una activación estabilizadora central.
  • Cuando acciona la función propulsora no es ésta adecuadamente anticipada por la conveniente función estabilizadora profunda.
  • Al analfabetismo motor se le suma la alteración bioenergética que junto con el distrés y las dietas inadecuadas configuran la por todos conocida “tríada de la modernidad”.
  • Obesidad, diabetes, hipertensión arterial y dolores músculo – esqueléticos son moneda corriente por nuestros días.
  • Agredido en su dimensión psicomotora, ya sea por hábitos motores laborales anti – ergonómicos o, cuando finalmente decide entrenar, agredido por idóneos del movimiento que terminar por alterar aún más las ya empobrecidas dimensiones motoras.
  • Un sujeto que llega a su hogar fatigado emocional y sensorialmente y no encuentra motivos raigales para ir a entrenar en ése mismo día.

Adentrándonos progresivamente en las bases que sostienen nuestro sistema de trabajo trataremos, en primer lugar, de dejar en claro lo que nuestro tratamiento no es:

  • No se trata de un entrenamiento orientado al desarrollo de capacidades motoras sin criterio de transferencia funcional a situaciones concretas de la vida cotidiana y/o deportiva.
  • No se trata de desarrollar máximamente ni la flexibilidad, la fuerza o la resistencia muscular local.
  • Los conceptos de estirar y fortalecer no constituyen, bajo respecto alguno, el eje de la propuesta.
  • No empleamos recursos deportivos, tampoco atribuimos poderes mágicos a ninguna práctica corporal alternativa, como podrían serlo la natación o el yoga.
  • No es Pilates ni Feldenkraiss o Alexander, aunque tomamos mucho de sus respectivas propuestas para aplicarlas de acuerdo a cada caso particular.
  • No es entrenamiento abdominal hipopresivo.
  • No empleamos la natación como herramienta, reconociendo el valor del ejercicio adaptado en medio acuático.

Los siguientes puntos pretenden describir los rasgos más sobresalientes de nuestras intervenciones a través del ejercicio terapéutico adaptado:

Partimos de evaluaciones elementales de flexibilidad, fuerza y estabilidad que aportan datos relevantes para decidir convenientemente los pasos a seguir.

En flexibilidad consideramos niveles mínimos y asimetrías en grupos musculares homólogos contralaterales.

En fuerza consideramos no sólo asimetrías afuncionales sino, y por sobre todo, desproporciones entre grupos musculares agonistas y antagonistas.

En cuanto estabilidad observamos, a través de algunos tests estandarizados, patrones de inactivación neuromuscular (sobre todo, las expresiones de actividad glútea, tanto mayor como mediana).

No se trata de evaluaciones kinésicas propias de la fisioterapia, sino tests de la educación física adaptados a la situación de fragilidad específica de cada cual.

El entrenamiento de la flexibilidad como condición de posibilidad para enfrentar la educación de la estabilidad: la deformabilidad del aparato motor pasivo es crucial para restaurar los mecanismos propioceptivos de los cuales depende la estabilidad.

El concepto de bloqueo es asociado al de inestabilidad.

Partimos de una interpretación funcional de la musculatura del tren medio: reconocemos dos sistemas estabilizadores diferentes: el intrínseco y el extrínseco.

El sistema estabilizador intrínseco, o segmentario o profundo está configurado por los músculos del piso pélvico, el transverso, el oblicuo interno y los multífidos.

El sistema estabilizador extrínseco, o inter segmentario, global o superficial incluye al recto mayor, al oblicuo externo y al glúteo mayor.

El proceso de entrenamiento supone reorganizar la programación neuromotora tal que el sujeto aprenda a anticipar las acciones propulsoras con una oportuna y temprana activación de los sistemas funcionales estabilizadores.

No interesan ni la amplitud ni la magnitud de activación sino, y por sobre todo, el orden de activación neuromuscular tal que las acciones estabilizadoras precedan oportunamente las funciones dinámico – propulsoras de las extremidades.

Para ello el proceso comienza con el manejo y control voluntario del primero de los sistemas estabilizadores: piso pélvico, transverso y multífidos.

Prosigue con el acoplamiento de las acciones propias del recto mayor, el oblicuo externo y el glúteo mayor y la co – sinergización de todos ellos.

Antes de abordar las funciones fásicas o propulsoras, entrenamos el acoplamiento de la función estabilizadora delos músculos propulsores de las extremidades.

Sólo después incorporamos las funciones propulsoras propiamente dichas de todas las extremidades y su transferencia específica.

El proceso metodológico no se subordina a incrementos de pesos, repeticiones o segundos de tolerancia estática.

El factor clave que manejamos es la PERTURBACIÓN.

Estabilidad es, precisamente, respuesta adecuada la perturbación: sin ésta, no hay entrenamiento integral de la primera.

Por perturbación entendemos la modificación recurrente de las configuraciones senso – perceptuales evitando, a toda costa, el estereotipo motor.

Éste no es otro fenómeno que la adaptación propioceptiva que, precisamente, queremos evitar.

Los dispositivos propios del entrenamiento inestable resultan herramientas cruciales para el proceso de complejización propioceptiva.

Las transferencias específicas a la ergonomía cotidiana, laboral y deportiva comienzan a trabajarse desde los estadios iniciales del tratamiento.

Entrenamos la estabilidad para la movilidad: no nos interesa mejorar perfiles neuromusculares para, luego, adherir nuevamente a un estilo de vida sedentario.

Desde ya que el eje del tratamiento está puesto en la interdisciplinariedad, con permanente interacción entre los diferentes profesionales implicados.

TERAPIA FISICA DEL MOVIMIENTO

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